Entre guantes, camisetas de Boca firmadas por jugadores y posters de Los Andes, Enrique “Quique” Antequera tiene una imagen satelital de La Salada. La foto, pegada en la puerta de su oficina, es un recordatorio permanente de su “reinado”: Urkupiña, una de las tres ferias de La Salada, en el corazón de Ingeniero Budge.

En esa y otras oficinas estuvieron ayer los agentes de Gendarmería que participaron de los allanamientos. Un rato antes, Antequera había sido detenido durante un allanamiento en La Salada, acusado de liderar una asociación ilícita que manejaba puestos ilegales y extorsionaba a puesteros con mano de obra reclutada en la facciones de la barrabrava de Boca Juniors. Por eso también fue detenido Marcelo Aravena, referente de La Doce, señalado por fuentes de la zona como amigo del administrador de Urkupiña.

Bajo la misma acusación ya había sido detenido Jorge Castillo, administrador de la feria Punta Mogote y conocido popularmente como “El Rey de La Salada”. Con menor exposición mediática, aunque con fuertes vínculos políticos, Antequera había quedado al margen de esa investigación.

La historia de “Quique” está vinculada a los inicios de La Salada. Llegó a Ingeniero Budge a finales de los ’80, junto a otros vendedores ambulantes que habían sido desalojados de Puente 12. En 1991, ese grupo, integrado en su mayoría por feriantes de la comunidad boliviana, compró un predio de las viejas piletas y fundó “Urkupiña”. Más de 25 años después, la feria tiene 2.000 puestos, un amplio estacionamiento y hasta un salón de fiestas.

“Estoy acá desde que todo esto era barro. Conozco hasta la última piedra”, aseguró Antequera en una recorrida realizada junto a Clarín, el sábado pasado. Le costaba avanzar más de diez metros sin que alguien lo paraba para “hablar un minuto”. El final del diálogo era casi siempre el mismo: “Venime a ver a la oficina en la semana”.

Sus amplios vínculos dentro de la feria también se replican fuera. Desde hace años, Antequera se convirtió en un referente político de una de las zonas más populosas de Lomas de Zamora. “Yo me reuní con todos los presidentes y gobernadores, siempre buscando mejores para un barrio que nunca tuvo nada”, explicó.

Su historial político lo muestra casi siempre vinculado al peronismo, pasando por Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Néstor y Cristina Kirchner. La única vez que abandonó el PJ fue en 2009, cuando fue candidato a diputado provincial suplente en la lista del Acuerdo Cívico y Social que encabezaba Elisa Carrió.

Fue justamente la ahora referente de Cambiemos quien apuntó contra Antequera, tiempo antes de la detención de Castillo. En una denuncia ante la Procuración bonaerense, la diputada lo definió como uno de los líderes de una organización mafiosa que funcionaba con amparo político y judicial.

Quedé en medio de una interna política. Carrió se olvida que integré su lista hace ocho años. ¿Ahora soy malo y antes era bueno?”, se preguntó el administrador de Urkupiña durante la charla con este diario, mientras mostraba el diploma firmado por la junta electoral.

Los que conocen los movimientos de la zona aseguran que Antequera y Castillo mantuvieron una “guerra fría” que se habría profundizado cuando se desataron los conflictos por el manejo de los miles de puestos instalados en las calles de los alrededores de las ferias legales. Esa batalla sumó al menos cinco muertos en un año, con bajas de todas las bandas.

“Nosotros nunca nos metimos con los puestos de la calle. No es nuestro negocio. Pero entendemos que otros lo hagan. Es la ley de la feria: el espacio que no ocupa uno, lo ocupa otro. Sí nos dimos cuenta que en el último tiempo se les había ido de las manos y eso afectaba a la feria, porque los robos y las muertes alejaban a los clientes”, aseguraban desde el entorno de Antequera tras la detención de Castillo.

Un mes y medio más tarde, la investigación encabezada por el fiscal Sebastián Scalera sumó al líder de Urkupiña a la lista de acusados. Las detenciones, ordenadas por el juez de Garantías Gabriel Vitale, también incluyeron a dos de sus más estrechos colaboradores.

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