En la lucha contra el narcotráfico estamos nadando atrás de un barco. Incautar camiones con marihuana o atacar centros de venta de paco es más que plausible, pero no es más que el 10% del problema. Estas acciones no generan una disminución del consumo pero sí un aumento de su precio interno. El Gobierno, el Congreso y la sociedad civil deberían acompañar la lucha policial contra el narcotráfico con medidas complementarias.

Combate policial sin campañas de magnitud, están provocando un aumento del precio de la cocaína que en combinación con el aumento de consumo es lo que para la economía sería la antesala de una hiperinflación.

Entonces, el primer problema es el consumo que en Argentina se disparó en forma exponencial en los últimos seis años. El 24% de los adolescentes argentinos ya probó marihuana, la antesala hacia drogas más duras. Hay más de 400 mil adictos al paco que tienen que gastar hasta $18.000 al mes y la sensación de quienes consumen éxtasis es que no se consideran adictos a las drogas.

Así el marketing de los narcos va ganando frente a la ausencia de las campañas comunicacionales de magnitud dirigidas -a través de la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) a nuestros chicos para limitar el consumo. La Argentina casi ganó la lucha contra el cigarrillo. Luego de años de campañas, quedó claro que el tabaco mata. Cada caja de cigarrillo muestra un feto atrofiado o una persona con cáncer en la boca. Mientras tanto, los chicos creen que el “cogollo” o “flores” son naturales y no dañan la salud.

El segundo problema es el descontrol de laboratorios y químicas que producen precursores y oxidantes para la producción de cocaína y drogas sintéticas que viene desde la mafia de los medicamentos del 2006. Estos químicos generan dos consecuencias: que se produzca cocaína en suelo local genera inexorablemente Paco, y simultáneamente, hay una “balanza” comercial donde somos los primeros exportadores de precursores a Bolivia, Perú y Colombia a cambio de la pasta base.

Esto explica el bajo precio de la cocaína en Argentina pese a no tener plantaciones de hojas de coca. La sobreabundancia del residuo de esa producción es el paco que conlleva un nivel de delincuencia inmanejable. El tercer problema es la complicidad jurídico policial. ¿Cómo puede ser que en Rosario no se hayan encontrado al menos una cocina importante de cocaína? o ¿que un grupo de la villa 1-11-14 haya desarmado su cocina con 2 semanas de antelación al operativo que se iba a llevar a cabo contra la banda de los paraguayos?

Algunas filtraciones también pueden ser consecuencia de la torpeza de un funcionario político de turno. Todo el trabajo de meses de investigación de un Ministerio, una Fiscalía o un Juzgado Federal puede arruinarse por una filtración interna. Si, un simple mensaje de whatsapp.

Lo mismo puede pasar dentro de las fuerzas de seguridad provinciales o nacionales. En síntesis: El rumbo está. No tenemos un Estado Cómplice. Brego por que no sigamos poniendo el caballo arriba del jinete.

Al narcotráfico se lo combate básicamente salvando vidas. Faltan campañas, tecnología, un cuerpo de élite por provincia, campus de rehabilitación para adictos con salida laboral. Y la lista sigue.

Marcelo D’Alessio es abogado, especialista en lucha contra el narcotráfico

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