La metanfetamina también llamada cristal, meth, meta o tiza fue una de las primeras drogas sintéticas que se distribuyeron clandestinamente y dio paso, junto con su prima “MDMA” o “Éxtasis”, al negocio perfecto. Ya no serían necesarias ni las grandes cosechas, ni los campamentos con piletones para destilar químicos, ni una gran cadena de producción para obtener unos kilos de pasta base de cocaína. Con productos farmacéuticos de venta libre, químicos que se pueden conseguir en la ferretería del barrio, cacerolas y una prensa tableteadora accesible para cualquiera que disponga de unos pesos, se puede montar un laboratorio clandestino en un garaje o en el lavadero del departamento y fabricar drogas a bajo costo y ganancia máxima. Es tan redituable la producción, que una investigación de Reuters demostró que los extremistas del Estado Islámico también se nutren económicamente de la producción y distribución de estimulantes fabricados en cocinas, los mismos que consumieron quienes llevaron a cabo los atentados de París del 13 de noviembre.
En Argentina, al problema de prevención que generan las nuevas “cocinas” de drogas a las fuerzas de seguridad, se suma un conflicto técnico legal. Ocurre que las leyes contemplan listados de sustancias prohibidas, cada una de las cuales tiene una composición química que determina la “chapa patente” del estupefaciente ilegal. Pero cuando se modifica un componente, la ilegalidad desaparece: es una nueva droga no legislada.
Dos drogas nuevas por día. Según las estadísticas de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), en el 2013 se registraron tantas sustancias nuevas, que el promedio arrojó la asombrosa cifra de dos nuevos estupefacientes cada 24 horas. Pero muchos de los fabricantes no fueron detenidos dado que, técnicamente, no fabricaban ni vendían drogas prohibidas. Recién una vez agregada cada sustancia nueva al listado de estupefacientes prohibidos, están infringiendo la ley.
Narcos ABC1. Lejos de los estereotipos de marginalidad vinculados a los sectores más pobres, las últimas bandas desbaratadas utilizaban autos de alta gama y vivían en Olivos, Vicente López, Florida y Martínez. Pero se manejaban con los mismos códigos que cualquier otro distribuidor de drogas: lenguaje encriptado, armas de fuego no registradas y capacidad de colocación de la mercadería; sobre todo, en las grandes fiestas electrónicas ; oficiales y clandestinas. De las miles de pastillas secuestradas, muchas tenían como componentes: una sustancia broncodilatadora hallable de manera natural en el té, cafeína, un anestésico local y una droga utilizada para tratar la depresión y la narcolepsia. Ninguna de esas sustancias está prohibida. Otras pastillas sumaban a esos ingredientes la butilona, de efectos similares al MDMA (“Éxtasis”), que sí se encuentra prohibida. Los efectos provocados por estas pastillas son euforia, hiperactividad, locuacidad y sensación de bienestar extremo. También, a veces, la muerte.