Carlos Paz. Cuando fue asesinada, Ingrid llevaba un año y medio de novia con Marcos Haye, un joven oriundo de Tanti que había conocido a través de Facebook, quien le prometía “quererla para siempre” y le dedicaba canciones de amor. Haye se convirtió en su peor pesadilla y fue quien la ejecutó de un balazo en la nuca y a sangre fría, el lunes 24 de agosto de 2015 a la altura de la segunda estación del Vía Crucis, ubicado en el Cerro de la Cruz de la ciudad de Carlos Paz.

Fue el corolario de una relación viciada, enferma y tormentosa, que la fue distanciando de su familia, sus amigos y envolviéndola en un universo de violencia, abusos y privaciones del que no logró salir con vida. EL DIARIO reconstruyó cómo se produjo el brutal crimen que sacudió a la sociedad cordobesa y derivó en una condena ejemplar, que sentó un precedente histórico en la lucha contra los femicidios y los casos de violencia de género en la Provincia de Córdoba.

Haye planificó meticulosamente el crimen, lo ensayó en su cabeza varias veces y lo ejecutó a la perfección. Se encargó de conseguir el arma (que no se encontraba registrada), le tendió una trampa y fue cercando a su víctima como el cazador a la presa. Confesó que originalmente, pensó en asesinar a Ingrid el domingo 23 de agosto, pero descartó esa posibilidad porque entendió que habría muchas personas en el Cerro de la Cruz y sería difícil pasar desapercibido y esconder el cuerpo. Durante el juicio por jurados populares que se llevó a cabo en la Cámara Séptima del Crimen, se comprobó que el joven tenía una personalidad “celosa, controladora y absorbente” que se puso de manifiesto en la reconstrucción de los días previos al femicidio. Incluso, compañeros de trabajo de Ingrid en la sede de la Cooperativa Integral en San Antonio, contaron que su pareja se presentaba en las oficinas con el pretexto de algún trámite y cuando se acercaba al lugar donde ella atendía al público, le controlaba los mensajes de su celular.

El lugar elegido para cometer el asesinato fue uno de los puntos más visitados por turistas y vecinos, el mismo lugar donde se produjo el crimen de Andrea Castana (apenas cinco meses antes) y donde se halló el cuerpo del fotógrafo Hernán Sánchez. Quizás en su mente, Haye pensó que alguien podría vincular los hechos y se fortalecería la hipótesis de un asesino serial, algo que fue descartado de plano por los investigadores por las características de los casos.

Algunas semanas antes de efectuar el certero disparo que le produjo la muerte a Vidosa, el asesino creó un perfil falso de Facebook, compró un chip de celular y entabló una relación con su víctima. Bajo el alias del “Bicho”, le dijo que tenían un amigo en común (una persona que era conocida por Ingrid) y que le había parecido una chica “muy bonita” y a partir de allí, fue seduciéndola con una estrategia sustentada en los gustos y preferencias que él ya conocía. Lo hizo para comprobar si era cierto que ella estaba dispuesta a conocer a otras personas y poner punto final a una relación que se había desgastado por el tiempo y el accionar del propio Haye.

La farsa siguió con el envío de un ramo de flores y su última mentira. Le escribió desde un número que la joven no conocía y le dijo que le había conseguido una entrevista de trabajo para que ella ingresara a la Empresa Provincial de Energía de Córdoba. Meses antes, ya se había hecho pasar por personal de Recursos Humanos de la misma prestataria y se presentó en el Instituto de Remedios de Escalada San Martín (IRESM) -donde ella estudiaba la carrera terciaria de Recursos Humanos- para averiguar sobre su rendimiento y su asistencia a clases.

El lunes 24 de agosto, Ingrid –nieta de Ariel Vidosa, el amigo de la infancia de Ernesto “Che” Guevara- abandonó su casa en Mayú Sumaj cerca de las cuatro de la tarde y se dirigió a Carlos Paz para una entrevista de trabajo. Antes de irse, le dijo a su mamá, Mirta Ramallo, que iba a volver rápido a plancharle el pelo. Después de eso, ya no contestó las llamadas y no regresó. El lugar indicado era un apartamento en alquiler cercano a la calle Finlay, donde se encontraba Marcos Haye. Él la indujo a consumir cocaína, le confesó su amor y le prometió que cambiaría. Ella le creyó y él la invitó a caminar, le manifestó que le había comprado un “regalito especial”.

Salieron del departamento, atravesaron la calle Teniente Morandini y desembocaron en la Av. Cárcano. Cuando ingresaron a la Av. Estrada, fueron registrados por una cámara del boliche Khalama y luego quedaron filmados cuando se disponían a subir al cerro. Un testigo conocido de Haye declaró que los cruzó en las inmediaciones del colegio Cristo Obrero, describió cómo iba vestida ella y contó que iban conversando. Fue la última vez que la vieron a Ingrid con vida.

Subieron por el sendero y al llegar a la segunda estación del Vía Crucis, él le dijo que se pusiera de espaldas y se arrodillara porque quería sorprenderla, sacó el revólver calibre 22 y disparó. Luego revoleó el arma entre la maleza, empujó el cuerpo inerte de la joven por un barranco y descendió del cerro por otro sendero ubicado en la calle El Redentor, siguió por las avenidas Estrada, Cárcano, Av. Libertad y bajó por la calle Belgrano hasta la Terminal de Ómnibus. Las cámaras de Khalama, la estación de servicio YPF y el bar Federico dieron cuenta de su solitario trayecto, sin la compañía de Vidosa. Durante todo el recorrido, Haye fue repitiendo para sí mismo: “Maté a Ingrid, la maté”, como si ni siquiera él pudiese creer lo que acababa de hacer.

Llegó a la estación y contactó a un vendedor de drogas, compró cocaína y tomó un colectivo con destino a la ciudad de Tanti. En el trayecto, envió mensajes de texto a los padres de la joven desde su teléfono celular (el mismo que desapareció y nunca fue encontrado), donde, haciéndose pasar por Ingrid, les decía que no la molestaran y que estaba cansada de todos.

Con angustia y toda la incertidumbre por no encontrar a su hija, Carlos Vidosa llamó a Haye y él atendió. Le dijo que se habían visto a la tarde y habían discutido, que posiblemente Ingrid estuviese borracha o tirada en alguna zanja. “Fue extremadamente frío y es terrible si uno piensa que en ese momento, él ya había matado a mi hija. Me dijo que no sabía nada de ella”; recordó el padre de la joven madre, en diálogo con El Diario. “Yo pienso que en ese momento, todavía tenía en su poder el celular de ella con los mensajes que nos había mandado”; sostuvo.

Inmediatamente, la familia desconfió de su testimonio y radicó una denuncia en la Unidad Judicial. Las horas pasaron y el cuerpo fue encontrado por un turista al día siguiente, cerca de las 13,30 hs. a escasos metros del sendero principal. Desde un primer momento, la Fiscalía apuntó a Haye, quien -al principio- se declaró inocente y buscó despegarse de los hechos. Sin embargo, el arma también fue encontrada en el lugar y tenía una vaina servida en la recámara que resultó compatible con los cartuchos que se encontraron en la casa de Haye. En su buzo, también se detectaron partículas consistentes con residuos de un disparo de arma de fuego.

La investigación comprobó la culpabilidad del acusado, quien siempre se abstuvo de declarar y pretendió engañar a los jurados populares con la hipótesis de un “pacto suicida”. Según él, no logró terminar con su vida porque cuando accionó el arma por segunda vez (luego de haberle disparado a Ingrid), la bala no salió. No obstante, esta teoría se desplomó por las pericias, que demostraron que sólo se produjo un disparo durante la tarde del lunes 25 de agosto del 2015.

A lo largo de las audiencias, se supo que la joven sufría violencia de género y varios testigos declararon que Marcos Haye tenía una personalidad “celosa, controladora y absorbente”. El asesino siempre guardó silencio y únicamente habló tras haber sido condenado a cadena perpetua por los cargos de “homicidio calificado por el vínculo, alevosía y violencia de género”. “Pido perdón, pero no sé si tengo que hacerlo”; confesó con indiferencia, ante los presentes.


“La asesinó a sangre fría”

“Ellos siempre tuvieron una relación tormentosa, nosotros nos enteramos con el tiempo que él la golpeaba y maltrataba, le controlaba el dinero, se los gastaba en drogas y tenía como una obsesión con ella”; contó el padre de Ingrid, Carlos Vidosa. “Habían puesto una empresa de venta de productos de limpieza y yo he sido testigo de los problemas que mi hija tenía, porque ella ponía plata y él se la gastaba. Él ejercía un control total sobre Ingrid, la aisló de sus amigos, de su familia, quiso distanciarla de su hermana con mentiras. No es una buena persona”; dijo.

“Su antigua pareja, la madre de su hija, también lo padeció cuando estaba embarazada. Es una persona manipuladora con una mente enferma. A mi hija no le permitía tener fotos en su perfil de WhatsApp y la obligó a cerrar su Facebook. Estamos hablando de una persona muy celosa, al punto que dónde ella iba, él también iba. Yo sé que él planeó el crimen de Ingrid por meses y cuando pudo, la mató a sangre fría y nos mató a todos nosotros también”; finalizó el padre.


El preso al que le confesó el femicidio

Un preso que compartió celda con Marcos Haye en el penal de Bouwer (donde fue alojado desde su detención hasta que se comprobó su culpabilidad), denunció que le confesó con detalles como asesinó a Ingrid Vidosa y su testimonio fue clave para probar que el femicida se encontraba completamente consciente de sus actos y actuó con “alevosía y premeditación”.

Tras la confesión, el interno le preguntó si estaba arrepentido y Haye dijo que no. “Lo hubiera hecho el día anterior pero había mucha gente. Tiene en su cabeza lo que se merece”; agregó.


Un femicidio de manual

El crimen de Ingrid Vidosa fue un femicidio. Una triple calificación recayó sobre Marcos Haye, la “alevosía”, el “vínculo relacional” y el “femicidio” que se anexaron a la imputación por el homicidio. Durante el juicio, se comprobó que hubo violencia verbal y física en el marco de una relación tóxica: Ingrid estaba aislada del mundo y el desencadenante del hecho fue la decisión de interrumpir la relación, cambiar de aire y encontrarle un nuevo sentido a su vida.

Informe especial:
Santiago Solans (El Diario)

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